domingo, 3 de marzo de 2013

capitales de españa

Madrid no siempre ha sido la capital de España. Lo fue Toledo en época visigótica, y más tarde Valladolid. También ostentaron este privilegio ciudades como Burgos o Segovia. Durante el reinado de Felipe II, Sevilla, Valladolid, Toledo e incluso Lisboa llegaron a suponer una amenaza para la actual capital del Reino. Esta es una breve historia de las capitales que fueron, y las que pudieron ser. Por: M. R. Carrión.

Durante la época republicana podemos hablar de dos, la Ulterior –con capital en Corduba (Córdoba)– y la Citerior –con capital en Tarraco (Tarragona). Y ya en el periodo imperial, Augusto dividió la península en tres: Tarraconensis –con capital en Tarraco–; Lusitania –con capital en Augusta Emérita–; y Baetica –con capital en Corduba. Esta división, más operativa que la anterior, buscaba afianzar el poderío de Roma y, además, favorecer la integración hispana en el Imperio.

Solo nos queda una tercera etapa para concluir el largo periodo de dominación romana, el Bajo Imperio. De nuevo, el número de provincias se amplió. Diocleciano determinó que fueran cinco, dirigidas por un gobernador que residía en Mérida, la capital: Gallaecia –Bracara Augusta–, Cartaginensis –Carthago Nova–, Tarraconensis –Tarraco–, Lusitania –Augusta Emerita– y Baetica –Corduba. En el siglo IV se sumó una sexta, la Baleárica.

En el siglo V, la llegada a Hispania de las primeras tribus bárbaras puso fin a siete años de influencia romana. En el año 418, los visigodos establecieron en Tolosa (Toulouse, Francia) la capital de un territorio que abarcaba amplios territorios de la Galia y de Hispania. Derrotados por los francos en 507, y puesto fin al Reino de Tolosa, se replegaron a la Península y, en el año 567, Atanagildo fijó la capital del reino visigodo en Toledo.


Ampurias, 218 a.C. La historia de las capitales españolas bien podría comenzar en esta fecha, con el desembarco de Roma en Hispania. La primera tentativa de ocupación romana se saldó con fracaso, pero fue el comienzo de una conquista que, no sin esfuerzo y crueldad, logró doblegar a los aguerridos pueblos de la península Ibérica. La presencia de Roma en territorio hispano se prolongó durante siete siglos y fue determinante en la organización política del territorio. Bajo el gobierno de pretores que actuaban en nombre de Roma, Hispania quedó dividida en diferentes provincias administrativas.

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